Un filler de cartas para dos con mecánicas de gestión de la mano de cartas, patrones y una pizca de forzar la suerte combinada con memoria que tiene como resultado una dinámica muy entretenida en la que nunca tendremos la sensación de tener la situación bajo control y que en cualquier momento se nos puede fastidiar el asunto. El concepto clave es el de conocer la mitad de la información en juego, un cincuenta por ciento de los colores de nuestras cartas (el anverso) y el otro cincuenta por ciento de los colores de las cartas del rival (el reverso). Es por eso que conviene jugarlo con sujeta-cartas para evitar pifias. La mayor pega que le encuentro es que es tendente a seguir ciertos patrones a la hora de jugar cartas, pero es un problema menor para un juego de tan corta duración. De hecho, es probable que se encadenen varias partidas debido al revanchismo que provoca entre los jugadores.