Un juego tradicional coreano que deriva de un diseño similar al parchís, con el que, obviamente, guarda muchas similitudes. Es un juego en el que el azar lo es prácticamente todo, planteando una carrera en la que cada uno de los dos contendientes intentará cruzar un circuito con sus cuatro piezas lo más rápido posible lanzando unos palos con dos posibles caras, lo que genera hasta seis combinaciones distintas. Pero eso no quita que sea un juego con una enorme carga histórica y que puede ser disfrutado con personas a las que cualquier eurogame, por muy ligero que sea, se le va a hacer cuesta arriba. Mención especial para las cuidadísimas ediciones de Playte. Con todo, es de esos diseños de corte tradicional que difícilmente resultará atractivo para quien esté inmerso en el mundo de los juegos de mesa modernos.