Una propuesta que nos traslada a la Europa del siglo XVIII para ponernos en la piel de artesanos que fabrican y reparan instrumentos para grandes compositores. El diseño destaca por un sistema de colocación de trabajadores con valores ocultos y una resolución en dos fases que obliga a planificar con cuidado para no verse bloqueado por las intenciones de los rivales. La necesidad de gestionar la paciencia de los mecenas mientras intentamos controlar las sillas de la orquesta crea una tensión constante que exige estar atento a cada movimiento en el tablero. Aunque el azar en las cartas y las tiradas de dados puede generar bastante frustración, el juego permite mitigar este impacto mediante algunas opciones, aunque muy costosas. No obstante, el flujo de la partida se siente algo denso debido a una microgestión que puede alargar demasiado la duración sin añadir una profundidad proporcional en las decisiones finales. A pesar de estos baches en el ritmo y de un orden de turno que a veces resulta caótico, se trata de un título entretenido que logra integrar bien su temática dentro de un engranaje de gestión exigente.