Un diseño que intenta complementar la mecánica de forzar la suerte mediante una gestión de la mano que introduce sutiles dinámicas y una constante evaluación del riesgo. Esa tensión psicológica de decidir abandonar el barco o mantener la fe en el capitán genera situaciones de grupo divertidas, especialmente en los momentos donde las cartas especiales entran en juego para dinamitar los planes ajenos. Sin embargo, este armazón conceptual extra le pasa factura al ritmo de juego, diluyendo la descarga de adrenalina que uno busca en este tipo de diseños debido a un desarrollo un tanto pausado. El doble impacto del azar puede resultar excesivamente punitivo, bloqueando a los jugadores sin margen de maniobra y castigando al capitán de forma un tanto injusta si las cartas no acompañan.