Una propuesta que traslada casi de forma íntegra el mini-juego de The Witcher III: Wild Hunt con acierto, dando pie a un particular duelo de faroleo y control de los tiempos. La restricción de una mano de diez cartas para las hasta tres rondas, el estudio de sinergias previo a la partida y la tensión constante por no hipotecarse prematuramente en un solo envite generan una dinámica ágil y muy estimulante. Aunque el recuento manual de fuerza puede resultar algo farragoso cuando los efectos se encadenan, su extrema sencillez mecánica y la rapidez con la que se resuelven los encuentros lo sitúan como un título muy aprovechable para quienes disfrutan iterando sobre un mazo buscando el combo perfecto, sobre todo si sois aficionados de la saga, ya sea de los libros o del videojuego.