Un juego de escaleras con el clásico objetivo de vaciar la mano lo antes posible, en este caso jugando conjuntos del mismo valor. Es muy interesante la sutil gestión de los tiempos a la hora de calcular el posible retorno de nuestras propias cartas, las cuales se ven obligadas a rotar 180 grados modificando sus valores cuando esto ocurre. Esta mecánica genera unas sensaciones de juego tremendamente tácticas y divertidas, rompiendo con el piloto automático tan habitual en este tipo de propuestas y regalando momentos de sana maldad entre turnos. Aunque esta dependencia del retorno de combinaciones y la constante lectura de la mano rival puede abrumar puntualmente a quienes busquen un flujo más plano y predecible, su capacidad para forzar decisiones estratégicas y arriesgadas sin perder un ápice de fluidez lo convierte en un filler comodísimo que atrapa desde la primera partida. Una propuesta con un delicioso punto de picante, ideal para mantener a los jugadores conectados en un constante toma y daca.
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