Una propuesta que intenta trasladar la efervescencia de la lírica a un tablero mediante un motor de cartas centrado en la gestión de teatros y una curiosa progresión cronológica de eventos. El sistema de acumulación de aplausos, la búsqueda de ritmos específicos y el desplazamiento táctico por el teclado para asegurar notas vocales constituyen el corazón de una experiencia que busca revivir una rivalidad histórica legendaria. Sin embargo, el desarrollo de la partida se ve lastrado por una toma de decisiones que termina sintiéndose excesivamente guiada, casi algorítmica, donde la opción óptima suele ser tan evidente que apenas deja espacio para la sorpresa o el ingenio estratégico del jugador. Esta falta de tensión en el motor de cartas, sumada a una dependencia del azar que puede dictar por completo la utilidad de un turno, convierte el duelo en un ejercicio algo automático y falto de garra. La mecánica de ordenar la línea temporal aparenta ser interesante, pero al final acaba resultando demasiado farragosa y con poco impacto. Queda la sensación de estar ante un diseño que se queda en la superficie de su potencial.
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