Un cierre espectacular para una de la serie de abstractos más famosa de todos los tiempos. Y lo hace cerrando el círculo, retornando al título que dio nombre al proyecto y recuperando la idea de los potenciales, un concepto que el autor ya manejó desde muy pronto pero que dejó de lado para desarrollar cada potencial como un juego independiente. El añadir todos los potenciales a GIPF provoca que pasemos de uno de los juegos más simples a nivel mecánico del conjunto de juegos al que sería el diseño más complejo de todos. Y por mucho. Y es que la gestión de las piezas en reserva, sumada a la posibilidad de activar efectos de desplazamiento, saltos y bloqueos mediante la activación de los potenciales, genera una atmósfera de tensión constante donde cada movimiento ramifica el árbol de decisiones hasta límites casi inabarcables. Esta profundidad exige una concentración absoluta y premia al estratega capaz de navegar en un entorno donde el control del espacio y la anticipación del error ajeno son las únicas herramientas para la supervivencia. Un diseño extenuante que sustituye la fluidez de sus predecesores por un laberinto de toma de decisiones. Ideal para quienes disfruten de juegos abstractos con un punto más en cuanto a carga conceptual, aunque puede resultar poco satisfactorio para quienes estaban acostumbrados a la elegancia de sus hermanos mayores.
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