Un diseño con una elevada carga conceptual que apuesta por un desarrollo de civilización dulce mediante una exigente gestión de recursos y expansión territorial. La satisfactoria sensación de inercia al activar el tablero personal y el constante desafío de optimizar cada recurso para progresar en los diversos tracks de prosperidad logran mantener el interés en el crecimiento de nuestra metrópolis. No obstante, el diseño se ve lastrado por una preocupante falta de elegancia, con elementos redundantes y una duración de partida extenuante que no termina de justificar el peso de las decisiones. Aunque ofrece momentos de gran gratificación al encadenar efectos y combos, el conjunto se siente disperso. Es cierto que, para quienes disfruten de estos juegos en los que el desarrollo ocurre por acumulación, puede resultar interesante, pero creo que habría quedado mucho mejor metiendo tijera para conseguir una experiencia más ágil y elegante y no tener que demostrar cierto grado de tolerancia para lidiar con sus aristas mecánicas y un ritmo que, por momentos, se vuelve farragoso.
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